Memorias de salinas y un tren en Península Valdés

Memorias de salinas y un tren en Península Valdés
- Granos de sal en las salinas. Península Valdés. Laura Ferro (2022).
- Salinas de Península Valdés. Laura Ferro (2015).
- Tapa del álbum del Ferrocarril de la Península Valdés del año 1900. Archivo de la Familia Ferro.
- Persona observando la sal. Península Valdés. Laura Ferro (2018).
- Bloques de sal con agua después de la lluvia. Laura Ferro (2022).
- Montañas de sal y vista de las salinas. Península Valdés. Laura Ferro (2015).
Imágenes perteneciente al álbum del Ferrocarril de la Península Valdés del año 1900. Archivo de la Familia Ferro.
- Obreros en la construcción del F.C.P.V. (Ferrocarril Península Valdés).
- Trabajadores del Ferrocarril junto al tren.
- Embarcando en la bahía de Puerto Pirámides.
- Bifurcación de las vías del tren llegando a la bahía de Puerto Pirámides.
- Bolsas de sal y cañón de los españoles.
- Salinas Grandes. Península Valdés (1924).
Pensar en sal, nos remonta a los inicios de la humanidad y nos traslada a diversidad de escenarios de usos vinculados a los medicinales, simbólicos, de subsistencia y a importantes transacciones económicas. La sal se obtiene a través de diferentes medios; por evaporación de una salmuera o por medio de minerales extraídos. Se cree que la primera sal utilizada por el hombre provino del mar. Históricamente la sal se trasladó por trenes, por tierra y por mar. Este mineral, compuesto mayormente por cloruro de sodio, no solo potencia el sabor de los alimentos, sino también es indispensable para la vida, como lo es el agua o el aire. Poseerla era un privilegio y carecer de ella, un gran riesgo para la supervivencia.
A lo largo de la historia, la sal fue el principal conservante de alimentos, fue moneda de cambio, estimuló el comercio, provocó guerras y causó angustias a las poblaciones, tanto porque no tuvieran garantizado su abastecimiento como porque debían pagar precios e impuestos muy elevados para consumirla. Prácticamente todos los países han aplicado impuestos sobre la sal, gabelas que en muchos casos se han mantenido hasta entrado el siglo XX.
Desde tiempos lejanos la sal siempre estuvo vinculada a la protección y limpieza de espacios, con el fin de ahuyentar la negatividad, la mala suerte y alejar la envidia. Uno de sus rituales propone dejar debajo de la cama un recipiente de agua con sal marina para absorber las malas energías.
La sal también podía almacenarse y era parte de los circuitos de intercambio, considerada como un valor divisible. Los primeros moldes neolíticos nos muestran que la sal bajo la forma de pan fue un bien socializado, susceptible de formar parte de las redes de intercambio a larga distancia (Weller, 2004). El antropólogo estadounidense Harlan Gilmore describe cómo sociedades enteras han decidido “salir de lo local”, es decir, migrar para obtener sal. Un recurso que ha abierto y ampliado los límites de muchas culturas, pero a su vez esto ha derivado en sociedades enteras adictas a esta roca (Gilmore, 1955:1004).
En el Imperio Romano la sal era tan valiosa que los pagos a los soldados y funcionarios públicos se realizaban en paquetes de sal, que después se usaban como moneda de cambio. Derivó de allí el concepto de salario –término proveniente del latín salarium– utilizado hasta la actualidad. Asimismo, calles como la Via Salaria fueron rutas romanas utilizadas por los sabinos para transportar sal hacia el río Tíber durante el imperio.
En China el emperador Huangdi, en el 2670 A.C., ya usaba la sal como alimento. Esta industria fue muy exitosa, desempeñando un papel clave en la historia de esa civilización, su desarrollo económico y las relaciones entre el Estado y la sociedad. Existen al menos cinco tipos de sal que se encuentran en diferentes regiones de lo que ahora es China: la sal marina, la de pozo, de lago, sal de tierra y de roca; cada una de ellas con sus características propias del espacio donde se obtienen y con diferentes usos.
Por ejemplo, la técnica tradicional de salazón se utiliza para la conserva de anchoas entre otras especies marinas, que consiste en recubrir un alimento con sal para disponer de su consumo en un plazo mayor de tiempo. Esta técnica que aún sigue vigente permitió el intercambio y traslado entre la costa y el interior. Fue introducida por los fenicios en el año 1000 A.C., desarrollándose en la época de la antigua Grecia y el Imperio Romano. Así mismo, también origina el garo, conocido antiguamente como garum, una salsa de pescado fermentado en salmuera con distintas hierbas que es un noble registro histórico del umami, ya que actuaba como un fuerte potenciador de sabor en preparaciones. La sal inhibe el crecimiento microbiano y así permite su conservación durante largos períodos.
La sal es un condimento con múltiples usos caseros y gastronómicos. El mercado nos ofrece variedades, texturas y colores. Como por ejemplo la sal del Himalaya, que se obtiene de la mina de sal Khewra, que se encuentra en Pakistán. Es de color rosada y se presenta en granos para ser molidos en el momento previo de ser utilizada o consumida. Si bien esta sal es rica en variedad de minerales como calcio, magnesio, potasio, cobre y hierro, posee gran cantidad de óxido de hierro, el cual le da su color rosado.
En el continente americano, durante la época prehispánica, la sal también fue un producto de alto consumo y para uso de conservación de los alimentos. Además, se aplicaba como parte de los ingredientes curativos en el tratamiento en encías, para el dolor de muelas, de oídos, garganta y tos, entre otros padecimientos. También se usó para fijar colorantes en textiles y para el tratamiento del curtido de pieles.
En Sudamérica se encuentra uno de los salares más grandes del mundo: el Salar de Uyuni, ubicado en Bolivia y visitado mundialmente, donde la indivisible línea entre el cielo y la tierra provoca imágenes difíciles de creer a través del reflejo. “No tenemos mar… porque tenemos el cielo”, se escucha por estas tierras. El salar fue, hace 40.000 años, parte del prehistórico lago Minchin. Cuenta una leyenda de la comunidad quechua que el Salar de Uyuni se formó con la leche materna derramada por el volcán Tunupa cuando le robaron a su recién nacido. Así que cada año sus lágrimas inundan este mar de sal (lo que conocemos como temporada de lluvias).
Al norte de la Argentina se desarrolló la extracción tradicional de panes de sal*, una práctica que se remonta a tiempos antiguos y que se conecta con la trashumancia y el tráfico caravanero en el Noroeste argentino, cuyos registros se extienden desde el pasado arqueológico (Nielsen, 2004; Yacobaccio, 2012) hasta la actualidad (Gil Montero, 2004).
Las salinas históricamente fueron territorios de atracción, no solo por el recurso que podía utilizarse para la subsistencia sino también porque fueron espacios místicos situados dentro de la categoría de sitios que debían ser controlados. La intensa búsqueda de salinas como tesoros escondidos se encuentra presente en relatos y crónicas históricas. Pensar a las salinas como lugares dominantes con la finalidad de construir hábitats permanentes, dispersos o agrupados, espacios desde donde se podía ejercer un control del territorio, nos acerca al espíritu antropocéntrico de ese paisaje.
Territorios habitados: salinas en Península Valdés
En la costa patagónica argentina, más precisamente en el centro de la Península Valdés, existen dos grandes depresiones que forman la cuenca de las dos salinas: Salinas Grandes y Chicas. La primera constituye una de las depresiones más profundas del país, descendiendo 42 metros por debajo del nivel del mar, y la segunda se ubica a 10 metros. Poseen un color rosáceo que lo imprime la Artemia salina, una especie de crustáceo rosado parecido al camarón que habita especialmente en salinas húmedas. Un paisaje cautivador, como de otro planeta, donde el blanco radiante de la sal acumulada contrasta con el cielo celeste y las bardas ocres de la Patagonia argentina.
Los hallazgos arqueológicos de puntas de flechas, raspadores y restos óseos en cercanía de las salinas anuncian la presencia humana en diferentes momentos históricos, dando evidencia de un conocimiento sobre el territorio. También, la presencia de grupos cazadores y recolectores en Península Valdés datan de hace 5000 años, y los sitios de asentamientos cercanos a las salinas dan cuenta de la utilización de la sal, para conservar sus alimentos y producir charqui*, un tipo de carne deshidratada de conserva (Otero, 2008).
A partir de 1779 y durante treinta años los colonos españoles explotaron las salinas. Llegó la primera expedición con Juan de la Piedra*, con instrucciones para el relevamiento de tierras y ríos. Por la calidad del embarcadero y la cercanía a dos salinas con agua dulce, se instalaron definitivamente en la actual Playa Fracasso en el Golfo San José. En función de localizar la mejor fuente de agua en la Salina Grande, se hizo un segundo asentamiento sobre la misma, Puesto de la Fuente, situado a unos 30 kilómetros del primero (Bianchi Villelli, 2018). En varias cartas hacia España se destacó la calidad de la sal de Península Valdés, aunque con altos costos de traslado. El abasto de sal era central para el uso en Buenos Aires, pero también se empleó en la salazón de carne para enviar a Europa (Bianchi Villelli, 2017).
Después de ocho décadas y luego de que la colonia española se ausentara en el territorio, recomenzó el desarrollo de las Salinas Grandes en 1898 por la Sociedad Anónima Ferro, Piaggio y Cía. Para ello, construyeron 34 kilómetros de vía férrea para instalar un tren de trocha angosta desde Puerto Pirámides hacia las Salinas Grandes, al centro de la Península Valdés. En esta construcción trabajaron centenares de obreros y fue provechosa para consolidar la población, que hasta el momento estaba habitada por escasas familias rurales. Bajo el nombre de Ferrocarril Península Valdés se transportó la sal al puerto por carros y para completar la logística se asoció Antonio Munno, a partir de la incorporación de una flotilla de barcos de madera que cubrían el servicio de cabotaje permitiendo el embarque de la sal en el puerto natural de Puerto Pirámides.
Este tren de trocha angosta fue aprobado el 14 de julio de 1900 por el Gobierno de la Nación por Ley N°3898, otorgándole la concesión a la compañía. A lo largo del tiempo se fueron incorporando nuevos métodos de recolección, reemplazando la pala por maquinaria moderna de Estados Unidos que consistía en cortadoras y rastras de tracción a sangre, aumentando la recolección de sal por su rapidez y eficiencia. Durante los primeros años se extrajeron 12 mil toneladas anuales registradas, que abastecían las necesidades de la industria pesquera del Puerto de Rawson, como así también se dirigía a poblaciones como Madryn y Trelew, entre otras. De esta forma se iniciaba la primera industria en la provincia de Chubut y la conformación de una nueva población en base a este puerto natural en auge (Ferro, 1962).
A la Patagonia, actualmente promocionada como “territorio de naturaleza”, se la asocia a espectaculares paisajes que parecen no tener historia ni memoria. Sin embargo, en Península Valdés, comienzan a circular otras narrativas de la historia local y los lugares significativos para familias asociadas a actividades productivas en este espacio. El aprovechamiento de las salinas en Península Valdés configuró paisajes vinculados a trayectos de un tren, migraciones de trabajadores italianos, vascos y alemanes y el asentamiento de familias que comenzaron a quedarse a echar raíces en este territorio. Barba Ruiz sostiene que fueron muchos los trabajadores empleados en este desarrollo. Estaban quienes se dedicaban al acopio de la sal, la carga y descarga, y el mantenimiento del tren, entre otros trabajos. El galpón principal, oficina y administración asociados a esta nueva actividad salinera se fue instalando de a poco en Puerto Pirámides (Barba Ruiz, 2000).
Cartografía, antropología e identidad en Península Valdés
A partir de una investigación-acción* que inició en el 2020, el objetivo principal fue visibilizar el patrimonio cultural inmaterial y a su vez material de Península Valdés a partir de la construcción de contenidos científicos de valor socio-histórico. La construcción de relatos de cada sitio y bien patrimonial ofreció al contexto turístico alternativas de vinculación con el pasado de la localidad y de esa manera lograr fortalecer la historia identitaria. Ese pasado habitado, trabajado, percibido y vivenciado generación tras generación, comenzó a visibilizarse.
A través de un arduo trabajo desde un núcleo de respeto y colaboración, se registraron memorias colectivas buscando cobrar vida sobre las historias de este territorio. Se realizaron diversas actividades: entre ellas, talleres participativos en la comunidad mediante la metodología de la cartografía social, entrevistas a pobladores locales, relevamiento de archivos fotográficos, documentales, micro-radiales, como también material audiovisual.
La cartografía social, concebida como una herramienta para poner en valor las memorias y los lugares significativos de los pobladores de la localidad, nos permitió acceder y construir relatos y nuevas narrativas a partir de la confección de mapas colectivos del pueblo. La puesta en marcha de la experiencia de elaboración de la cartografía y del proyecto partió de varias premisas.
En primer lugar, para los pobladores de la zona, tanto sus propias historias como lo que entendían por la historia del lugar habían quedado invisibilizados frente a otros discursos turísticos y patrimoniales. En Puerto Pirámides y Península Valdés el desarrollo del turismo y las leyes de conservación del patrimonio natural implicaron un silenciamiento del patrimonio cultural, así como una invisibilización de los aspectos históricos y culturales que se consideran significativos y se valoran en dichas localidades. Las identidades locales y rurales quedan así desvalorizadas frente al patrimonio natural promocionado, el cual se presenta como anclado en un espacio vacío e histórico. Frente a esto, las cartografías sonoras buscan poner en relato estos vacíos discursivos en la localidad.
Las cartografías sonoras son una herramienta metodológica que propone reflexionar sobre la producción de memorias y relatos, convirtiendo estos registros de audios en contenido sonoro visibilizando “otra historia de la localidad”; los mismos son puestos en valor público, patrimonial y turístico a partir de los circuitos históricos.
Hablar de la sal desde un enfoque antropológico, significa poner en valor el contexto, los sujetos, sus dinámicas y el territorio. Desde las Salinas Grandes y sus diferentes usos a lo largo de la historia a través del paso de las poblaciones vinculadas a la sal como recurso, se han podido habilitar otras narrativas a un territorio habitado. Poner en diálogo lo que transcurrió en Patagonia al respecto de la sal y el uso del territorio nos permite acercarnos a las memorias locales.
Una de las memorias asociadas a un sitio particular de Puerto Pirámides son las “cuevas”. Labradas sobre la restinga en las primeras décadas de 1900, funcionaron como depósitos de cueros de lobos marinos, de grasa y de sal. Posteriormente, tuvieron muchos usos: lugar de refugio y de acampe, de reunión, donde se compartían mates e historias, y como vivienda transitoria que se prestaba entre familias del pueblo.
A partir de entrevistas realizadas a diversas familias, asociadas a los relatos sobre este espacio, se visibilizaron multiplicidad de representaciones de las mismas a lo largo de su historia. Entre ellas, se relata que llamaron a una cueva “El Garrón” (coincidiendo ese nombre entre varias familias, pertenecientes a diferentes épocas) porque cuando se reunían a almorzar allí, siempre se quedaba alguien a comer como invitado. También la asocian con diferentes tipos de puertas y rejas que se fueron cambiando varias veces, hasta la actualidad. Relatan además su peligrosidad, su uso como escondite y su misterio, vivenciado desde la niñez de los entrevistados. Una pobladora relata cómo su padre modificó la cueva creando un banco para sentarse que aún se conserva, y poniendo un piso de cemento.
Las cuevas fueron utilizadas como lugar de encuentro, espacio para almorzar y lugar de reparo, sombra y frescura durante la estadía en la playa de los navegantes. Fueron cafetería, barcito y se proyectaban películas a cargo de un capitán de embarcación ballenera, que lo utilizó como Centro de Interpretación. Las cuevas eran habitadas para refugiarse del sol, acampar en verano, tomar mates en invierno, vivir en ella, compartir historias familiares y prestárselas entre familias.
La puesta en común de memorias nos fue llevando a la posibilidad de activar otras historias, de visibilizar lugares, objetos y recorridos.
En este marco, acercarnos a la familia Ferro, atravesada por la historia de las salinas y siendo protagonista de un territorio, nos permitió conocer y representar modos de habitar, ritmos, rutinas, dimensiones de las memorias, materialidades y los lugares en cuestión, a lo largo de las diferentes temporalidades.
Esta familia rural que decide a comienzos del siglo XX, junto con otras familias, adentrarse en la Península profunda, un territorio inabarcable, inhóspito y habitado en un pasado no tan lejano, da cuenta de lo micro en la inmensidad. Por medio del marco antropológico y del registro por los propios sujetos que conforman la familia rural y patagónica, nos acercamos a la construcción histórica desde su particular perspectiva generacional. Dialogar a través de la sal de Península Valdés, nos traslada a documentación antigua y guardada que da cuenta de procesos sociales complejos.
Laura Ferro, cuarta generación de esta familia rural asociada a las Salinas, sostiene que su bisabuelo Alessandro fundó el ferrocarril de Península Valdés para trasladar la sal hacia el mar: “La sal fue un condimento para apostar a vivir en otro país, en otro continente, atravesar el océano para construir un hogar, una vida, una empresa familiar…”.
Laura estudió psicología y actualmente es fotógrafa. A partir del análisis de los archivos familiares ella ha indagado en esos retazos de historia que la contextualizan y que a su vez fortalecen parte de la identidad territorial patagónica. Esos restos del pasado son puentes que le permiten reconstruir la historia desde otro punto de vista. Desde una mirada más propia que parte de aquello que le fue heredado. Ella expresa desde un enfoque social y con una profunda responsabilidad que los documentos históricos deben ser socializados y no permanecer en un ámbito privado, con el fin de reconstruir ese pasado colectivo y compartirlo con la comunidad. Porque en definitiva las historias familiares en pueblos tan pequeños también forman parte de esa memoria colectiva latente.
En una familia que siempre estuvo liderada por hombres, su búsqueda se centra desde el presente en el rol como mujer en esta historia patagónica que la atraviesa hasta en los sueños. “Como la arqueóloga del archivo familiar, fui reconstruyendo una historia, sus múltiples dimensiones, sus sombras. Haciéndola girar, la miré de distintas maneras. De la vida de un hombre a la fundación de una familia, una tribu, un pueblo… Estuve suspendida en los bordes del reconocimiento, fui la mujer perdida en el paisaje…” (Laura Ferro, 2018).
A través de las fotos y registros de pasajeros del tren salinero de Península Valdés se ponen en diálogo la historia de la sal, humanizando esa actividad, entendiendo parte de las migraciones de vida que transitaron este espacio, como así también proporcionando más contenido e información a ese tren que hoy sigue simbólicamente ligado a un pueblo.
Laura nos cuenta que recuerda una frase del Génesis que la tiene muy presente cuando hablamos de sal. “Cuentan que ante una orden de escapar por su vida y no mirar hacia atrás, la mujer de Lot lo hizo y se volvió estatua de sal”. Lot nos habla de un pasado que a veces nos aferra tanto que no nos deja avanzar, es por ello que nos brinda una enseñanza, entendiendo a ese pasado como una pieza importante en la vida personal, pero en un momento hay que saber soltarlo y construir hacia delante, sostiene Laura. Ese pasado salado nos interpela, vuelve a condimentar un presente que también necesita significados históricamente situados y nuevas narrativas de interpretación. 🐟
- Barba Ruiz, L. (2000). Acontecimientos históricos de Península Valdés. Comisión Pro-Monumentos a las gestas y primeras colonizaciones españolas del Chubut, Rawson.
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